Distribución del aula

Actualizado: may 3


¡Buenos días!

Un profesor, terminando uno de los talleres, comparte algo que no le encaja:


"¿Qué pasa con la distribución del aula cuando no hago trabajo cooperativo?"


Todo un tema: LA ARQUITECTURA EL AULA.


Antes de empezar... haz una prueba. Entra en google imágenes y escribe la palabra "clase" (o haz clic aquí). Prácticamente todas las imágenes muestran el modelo de aula tradicional que todos hemos conocido, y seguimos conociendo. Aulas en las que los alumnos están colocados en filas mirando al profesor y a la pizarra, profesor y pizarra que simbolizan y centralizan la fuente del saber. "Si quieres aprender... mira hacia adelante, la sabiduría se encuentra ahí enfrente. No hables, no mires al compañero, que tus ojos vayan de tu libro y tu cuaderno al profesor y a la pizarra. Y aprenderás". Y sólo en algunos momentos la disposición de las mesas cambiaba de manera puntual para realizar algún trabajo en grupo (sí, he dicho en grupo, no en equipo...). Pero lo habitual, lo normal (qué miedo me da la palabra "normal"...), era que las mesas estuviesen en filas. Esa es una forma de comprender la educación y el aprendizaje.


Y ahora resulta que se pone de moda esto del #acoop y del aprendizaje por proyectos. Y que lo del aprendizaje en equipo parece que tiene que ser más habitual. ¿Y cómo hacemos? ¿Dejamos las mesas siempre en equipo? ¿No se distraerán mucho cuando haya trabajo individual? ¿Nos pasamos el día cambiando mesas? ¿No vamos a volverlos locos con tanto cambio? ¿Quién decide cómo se colocan las mesas? ¿El tutor que pasa en principio más tiempo con los alumnos? ¿Yo? ¿Es una política de centro?

Para empezar, es necesario hacer explícito que la disposición del aula tiene que ser un medio y nunca un fin. Parece muy absurdo decirlo, pero hasta hace poco se ha dado por hecho que "de siempre" la disposición lógica del aula es con las mesas colocadas en filas. En alguna de mis observaciones en aulas, el profesor ha dicho en voz alta al finalizar la actividad cooperativa: "Ahora COLOCAD la clase". Es decir, en su inconsciente, ese profesor interpreta que la clase en ese momento está descolocada. Como si sólo hubiese una forma correcta de disponer las mesas para aprender, y fuese con todas las mesas puestas en fila.


¿Dónde reside el problema, a mi parecer? En el hecho de que trabajamos en centros educativos y en aulas cuya arquitectura fue pensada de una forma absolutamente rígida: sólo se aprende en el aula rectangular con las mesas mirando a una pizarra fija, y a veces con una tarima que, bajo el pretexto de facilitar la visibilidad de la pizarra, no sólo deja bien claro quién está arriba y quién abajo, sino que además hace todavía más rígida la arquitectura. Y sólo en ocasiones, de manera muy puntual, salimos del aula para hacer algo "diferente". Y estamos acostumbrados a pensar nuestra acción docente en función de dicha rigidez arquitectónica, y no al revés. Me viene a la mente Rosan Bosch, como ejemplo de alguien que decidió que había que darle la vuelta a la tortilla, y pensar y modernizar la arquitectura de los centros educativos en función de la acción docente y de un concepto de aprendizaje en el que hay espacio para el trabajo en equipo, para el trabajo individual, para la creación colectiva, para el silencio y la reflexión...


Entra ahora en google imágenes y escribe el nombre de Rosan Bosch (o haz clic aquí). Personalmente, me entran ganas de comprar mucha lotería para que me toque y poder cumplir dos sueños: levantar un colegio así, y pagar la formación de todo el profesorado para que aprenda a aprovechar al máximo todas las posibilidades que ofrece una arquitectura tan flexible. Soñar es gratis... ¡tener tiempo, recursos humanos y económicos para poder romper la rigidez con la que ofrecemos las posibilidades de aprendizaje a los alumnos!


Pero la realidad es la que es, y nos toca pactar con la realidad y con los recursos que tenemos: aulas pequeñas, no insonorizadas, que se adaptan lentamente a las necesidades tecnológicas (vamos poniendo ya cañón y ordenador en las aulas) pero no a la revolución educativa que supone tomarse en serio el aprendizaje cooperativo y el aprendizaje basado en proyectos.


¿Y qué hacemos? Creo que debemos abordar el problema desde tres dimensiones: las prácticas docentes, las políticas de centro y la cultura escolar.


Las decisiones más inmediatas están relacionadas con las prácticas docentes, y esto es lo que preocupa al profesor con cuya reflexión iniciábamos este post. ¿Qué hago mañana? Es lo urgente. Mi respuesta sería: No te quedes quieto. Haz un cambio pequeño, aunque te confundas. Si te confundes en algo pequeño puedes deshacerlo, no es tan grave como si te confundes en algo grande o como si te confundes por quedarte quieto. Yo empecé realizando todo tipo de movimientos de mesas en función del tipo de trabajo que íbamos a hacer, pero se me iba mucho tiempo. Así que decidí entrenarme en gestionar el trabajo individual sin cambiar mucho la disposición de las mesas en grupo o en parejas, porque además cada vez intercalo más el trabajo individual y el trabajo de equipo, y no puedo tener a los alumnos cambiando la disposición cada 15 minutos. Pero esto es lo de siempre, las recetas no existen. Si pruebas y no te funciona... busca tu forma de gestionarlo.


En lo que respecta a políticas de centro, creo que son necesarios dos aspectos. El primero es que creo absolutamente necesario que los equipos directivos y las administraciones educativas apuesten por modernizar la arquitectura de las aulas y de los centros para adaptarse a las nuevas necesidades. Es cierto que nos encontramos muchas veces con las dificultades económicas que ello conlleva. Pero no es coherente pedir al profesorado un cambio metodológico sin ofrecerle los medios necesarios. El segundo aspecto, que me parece también fundamental, es el de involucrar al profesorado en procesos formativos (no un curso suelto) que les permitan sumarse a esta dinámica de cambio metodológico.


Todo ello irá facilitando que haya un cambio en la cultura escolar, de tal forma que poco a poco toda la comunidad educativa (profesorado y personal de administración y servicios, familias y alumnado) vaya asumiendo y normalizando la diversidad de estrategias de enseñanza y aprendizaje para atender a la la diversidad del alumnado. Que termine por ser habitual ver a los alumnos aprendiendo también fuera de las aulas, o en aulas flexibles que facilitan el uso de múltiples estrategias de enseñanza y aprendizaje.

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Madrid - España